1. Nadie se acordará de tu protagonista si se llama Xtkhlmf’thukln
O, dicho de otro modo, bautiza a tus personajes de forma que su nombre tenga sentido fonéticamente… a menos que te dediques a la literatura de humor.
2. Establece las reglas de tu mundo en el primer acto
Está claro que, si escribes Ciencia Ficción o Fantasía, vas a hacer que sucedan en tus mundos muchas cosas fuera de lo común (en el primer caso porque la ciencia y la tecnología aún no han descubierto los avances de los que hablas, en el segundo porque en tu mundo rigen una serie de normas especiales). Podrá existir la magia, los seres humanos tal vez sean capaces de viajar en el tiempo gracias a los avances de la ciencia o tal vez tus protagonistas tengan el don de volar… quién sabe.
Pero, a partir de un momento, el lector asumirá que esos mundos funcionan igual que el suyo en el resto de aspectos sobre los que no le has hablado.
Introduce cuanto antes todos los aspectos que diferencien al mundo especial de tu novela de nuestro mundo ordinario. A ser posible, a lo largo del primer acto de la historia.
Y nunca, nunca, repito, nunca hagas que tu protagonista escape volando en el enfrentamiento final de la novela, si no ha volado en ninguna de sus 300 páginas anteriores.
3. Huye de los clichés… pero apóyate en ellos para apuntalar la historia
A todos se nos ha dicho siempre que huyamos de los clichés y ése es un consejo excelente. Una historia llena de clichés suele ser sinónimo de un escritor que no ha querido esforzarse. Y si el escritor ha considerado que su historia no merece el esfuerzo, sería raro que pensara otra cosa el lector.
Pero a veces los clichés son una herramienta excelente a la hora de dar mucha información en muy poco tiempo. Los clichés no son sino convenciones narrativas que están bien asentadas en el imaginario colectivo de los lectores, y es muy lícito apoyarse en esas convenciones si hablamos de algún personaje secundarios… siempre y cuando el resto del planteamiento de nuestra novela sea original, claro.
4. Cuanto más extraordinaria sea tu idea, más ordinario tendrá que ser tu lenguaje
Einstein decía que uno no entiende algo hasta que no es capaz de explicárselo a su abuela.
Si tu novela habla de un frutero con alma de artista que se enamora de una funcionaria de correos, puedes complicar tu lenguaje todo lo que quieras. Pero si le vas a pedir al lector que imagine toda una civilización que vive en el espacio con unas reglas totalmente diferentes de las nuestras, más te vale rebajar el nivel de tu lenguaje… ¡si no quieres perder su atención antes de la página 20!
A todo esto, quiero recordar que rebajar el lenguaje de un texto o emplear un tono aparentemente coloquial NO es empeorarlo.
Soy muy malo para los nombres, pero recuerdo una anécdota de un autor al que le decían que escribía igual que hablaba… y él respondía que le había costado muchos años conseguirlo y que agradecía el cumplido.
Muy Buena Información
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